Alberto: “Nunca me confiné, mucha gente nos necesitaba”

Vallecas y sus 20.000 mascarillas para los más vulnerables

Alberto Morant Velazco es un joven de 34 años, vecino de Santa Eugenia, que probablemente todos conocemos, pero no por su cara, sino por sus acciones. Promotor junto a otros jóvenes del Proyecto Jardín Botánico Urbano de Santa Eugenia y de la campaña para solucionar las deficiencias del Hospital Infanta Leonor, se define a sí mismo como un “desarrollador de proyectos”, y yo añado, como un “luchador social”.

Desde que inició la cuarentena comencé a recibir sus mensajes contándome de “unas mascarillas” que estaba haciendo. Me dije entonces: “Alberto siempre ayudando a la gente”. Pero conforme iban aumentando los días, también iban aumentando las fotos de las mascarillas. Ahí me di cuenta de que este proyecto también iba a lo grande.

Acabado el confinamiento y aun en pleno proceso de desescalada por la covid19, me he dispuesto a entrevistarlo. He querido saber más y estoy segura de que los vecinos de Santa Eugenia también quieren saber más. Esta es la historia de cómo salieron de aquí 20.000 mascarillas para los más vulnerables.

  • ¿Dónde estabas el 14 de marzo?
  • Estaba en Santa Eugenia. Ese día dejé de trabajar de forma voluntaria en Correos porque pensé que estábamos expandiendo el virus por el sureste de Madrid. No había protocolo frente a la covid19. Yo visitaba cuarenta casas cada tarde, y mis compañeros también. La gente firmaba la PDA sin mantener la distancia de seguridad.
  • ¿Qué hiciste entonces?
  • Me activé enseguida para ver qué podía hacer. A través de las redes sociales me llegó una invitación para un grupo de voluntariado en Villa de Vallecas. Era una lluvia de ideas. Yo propuse montar dos grupos concretos de voluntarios: “Hablamos” que era para gente que estuviese confinada y sola, y “Mascarillas” que era para fabricar mascarillas.
  • ¿Cuándo te confinaste?
  • Nunca.
  • ¿Por qué?
  • Porque mucha gente nos necesitaba. Había personas vulnerables que necesitaban comida y medicamentos, y nosotros podíamos darle esos servicios. La propia estructura de la fabricación de mascarillas requería una logística y yo me encargué de esa parte.
  • ¿Cómo nació la inquietud de fabricar mascarillas?
  • Enseguida nos dimos cuenta de la carencia de mascarillas que había, entonces creé el grupo de Whatsapp. Éramos entonces unas cuarenta personas, la mayoría de Villa de Vallecas. Más adelante comenzaron a sumarse de San Blas, Coslada, Leganés, Torrejón de Ardoz. Fue un éxito. 
  • ¿Quiénes conformaban ese grupo?
  • Costureras llegaron a ser unas cuarenta, luego tuvimos cortadores, distribuidores y voluntarios que trabajaban en la logística.
  • En pleno confinamiento y con la posibilidad de que todo estuviese contaminado. ¿Cómo hicisteis?
  • Fue un dilema. Cada uno aportaba lo que tenía en casa, telas, hilos, gomas, pero era muy difícil garantizar que no estuvieran contaminados. Entonces las costureras lavaban todo, y nosotros cuando íbamos a buscar las mascarillas no teníamos contacto con ellas.
  • ¿Qué día salió el primer lote de mascarillas?
  • La última semana de marzo. Fueron 300 mascarillas y las repartimos en la residencia de mayores Los Nogales de Santa Eugenia. Directamente nos acercamos al centro, les dijimos que las llevábamos como donativo y alucinaron.
  • ¿Qué sentiste?
  • Sentí que estaba haciendo lo correcto, que tanto esfuerzo estaba llegando a donde tenía que llegar. Y me dije “hay que seguir”. Así hicimos 325 mascarillas más que luego llevamos a la Fundación Calpau en Pozuelo.
  • ¿Visteis alguna otra necesidad que pudieseis cubrir?
  • Sí, entonces comenzamos a fabricar también pantallas protectoras.
  • Las primeras pantallas ¿a dónde fueron?
  • Al Hospital Infanta Leonor, unas 140. Nos acercamos a Urgencias del Hospital. Luego otras las entregamos a las enfermeras de urgencias del turno de noche y tantas más para las UVIS.
  • ¿Cuántas mascarillas hicisteis y repartisteis entre marzo, abril y mayo?
  • Más de 50.000 mascarillas.
  • ¿Cuántas de ellas salieron de Santa Eugenia?
  • Unas 20.000 fueron fabricadas por costureras de Santa Eugenia. 
  • ¿A dónde fueron tantas mascarillas?
  • A casi todas las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid. A las comunidades de vecinos de las costureras y sus familiares. Incluso enviamos mascarillas a otras Comunidades Autónomas y hasta fuera de España.
  • ¿Con qué fondos trabajaron?
  • Con fondos propios y de mi familia. No hubo retorno económico. Sí conseguimos algunas donaciones, como la del Círculo de Villa de Vallecas que donó gomas y la de una empresa de confecciones en Alcorcón que donó 20.000 cortes.
  • ¿Qué aprendiste de todo esto?
  • He aprendido mucho. Parece mentira, pero hay gente que le cuesta entender que hay quienes desarrollamos proyectos por el simple hecho de ayudar, y solo con eso nos vale. Me he peleado con muchos amigos, pero también he conocido otros, gente que ha colaborado de forma desinteresada, que supo ver lo que se nos venía encima y arrimó el hombro aportando lo que tenía.
  • ¿Te has llegado a plantear la fabricación de mascarillas como un modelo de negocio rentable a partir de ahora?
  • Dado que he perdido mucho dinero y no tengo ayudas, pienso que hay un mercado potente para fabricar mascarillas de calidad, para emplear a gente en riesgo de exclusión social y poder ayudar así a mucha gente a salir adelante. Ya tengo la estructura, conozco la industria. Conseguí telas en Barcelona, costureras en Madrid, cortadores en Alcorcón, he hecho un tejido. Lo voy a pensar.
  • ¿A quiénes quieres darle las gracias?
  • Especialmente gracias a mi familia Morant Velasco y Velasco García, y a mi pareja que ha ayudado a sustentar económicamente este proyecto. Gracias al grupo de costura de Villa de Vallecas con quienes hemos hecho una gran familia y nos hemos cuidado entre todos. Gracias a los coordinadores de los grupos de costura que han colaborado: Mónica en Villa de Vallecas; Amanda en Alcobendas San Sebastián de los Reyes; Liceo en las Rozas Majadahonda; Virginia, Helena e Ivanchu de Manzanares del Real; Valentín en Carabanchel en el área de logística. A Enrique por ayudarme con la web: www.mascarillassolidarias.com. A Gonzalo de la empresa Key-b de Barcelona por la creación de la centralita de llamadas. A Alberto y su familia de la empresa confecciones Messenger por donar 20.000 cortes de mascarillas. A Alberto Montes y su gente de la empresa Santanderina Textil SA por donar 3.000 mascarillas con protección antibacteriana y antivírica, y a los grupos de costureros cántabros voluntarios porque ellos las confeccionaron. Al grupo de voluntariado Maker 19CVRivas que donaron unas 1.500 mascarillas faciales, a Javier y compañía por las 400 batas confeccionadas cuya tela fue donada por Greenpeace. Gracias a Nacho y a los voluntarios del grupo Bartolomé de Colmenar Viejo por prestar la furgoneta. Gracias a las gestiones de Virginia y Vanesa, y al Círculo de Villa de Vallecas por la donación de gomas por un valor de 500 euros. Sin ellos nada de esto hubiese sido imposible.

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